Entradas

En otra vida

Imagen
- ¿Se puede? - Poder se puede, pero andamos justos de sitio, eres de los nuevos, ¿no? - Si, me convertí hace dos días. - Y tampoco pisó mucho el páramo en otra vida. La sobrepoblación de estorninos es un problema en la ciudad, los pájaros, trataban de mandar un mensaje de redención a los vivos que pululaban aún por ahí abajo. - La cosa está en salir en vida del centro, pisar más el campo, andar por los oteros de aquí al lado. - Ya, pero sabe usted que era más cómodo espurrirse en el sofá y echar la tripa a dormir. -Estamos condenados en la no vida a pagar por lo que no hicimos cuando fuimos personas con piernas. - Mire, ahora ya no puedo volver al barrio, soy la peste de mi familia; mi padre es trozo de río, mi madre es espadaña, mi hermana creo que casó en Tierra de Campos y es un otero de los de allí...y yo, por no salir del centro, tengo que cargar con la pena de plomo de ser un pájaro porculero para el resto de los días, que serán eternidad. - Por eso estamos aquí, espe...

Largos libres

A base de cenar cloro y de dar paladas con las manos o manotazos con las palas, he conseguido hundir a dos metros de profundidad un cerro de pasados. Y al lado del vaso una pira con un montón de ropa negra maloliente, ajada por el tiempo, el sudor y las caídas; pero arde como si fuera sarmiento recién sacado de la cepa. Ayer, ¡malditas pulsaciones de caballo!, me dieron las cuatro de la mañana hasta que por fin cogí el sueño, cosa que ha sido totalmente inútil, ya que para echarse a esa hora mejor no hacer nada, es mucho más interesante escuchar esos programas de radio que creemos que nadie escucha. Lo viejo se ha quedado atrás, o mejor dicho, hundido y desinfectado por el cloro, que lo usen otros. Me dijo uno muy listo, que de etapas sabe mucho, "ahora o nunca", pues ahora ahora, tendrá que ser ya, que no podemos andar con las raspas del traje negro a todos los lados. He entregado las armas y los libros, sinónimos, por cierto, a mi se me ha olvidado todo, al menos eso ...

Pausas y venidas

Imagen
El poeta Luís García Montero, unas páginas más adelante de la primera de su libro “La Casa del Jacobino”, aconseja a los escritores “ dos autobuses semanales y recorrer una carretera secundaria una vez al mes ” para encontrar algo de inspiración. Con el permiso virtual del poeta y escritor andaluz, añado a la lista, coger un tren los sábados por la tarde, cuando el sol vaya diciendo hasta mañana. Ya de por sí, viajar en tren tiene muchos vasos de encanto, pero ojo, sólo modelos y máquinas diferentes a las de la alta velocidad, esas no valen, no tienen gracia pese a su contrastada eficacia. Los trenes de sábado son los cacharros feos del servicio ferroviario, dan una sensación de grima espiritual, avanzan por la vía con pesadumbre y malestar, aunque no por ello están faltos de belleza. Marchar en tren un día de estos da la oportunidad de tocar con certeza el espíritu plomizo de los domingos por la tarde un día antes. En el mundo de los trenes, los sábados son domingos; en el mundo rea...

Paraísos cercanos

Imagen
¡Ay!, cuando el alma pasa hambre, marcha al mar, agua de costa y de lluvia, pero la sed no cesa. Oficio conocido, hoy en sábado, quitar y poner soles, entre máscaras y confeti. Agua y más agua, en busca de otro atardecer, paraísos diarios pintados en el horizonte. Viento con lluvia en el camino, el tren de los sábados no avanza, el reloj se va, se va y se fué. Se fué con el sol, que se marchó al pasar el túnel. Noche junto a la Barceloneta, con la brisa y las gaviotas acurrucándote. Más adelante, con los sueños sin velar, aparece por levante medio trofeo. Mañana coloreada de gris ficción y litros de celeste realidad. Pasos con paseos en el Gótico, entre baldosas, flores y plazas de tebeo. Torres hechas de pies, gigantescos cuentos de bruja, aquelarres de paisano al pie de la Seo. Manos, veloces entre el hilo de hielo, abrigadas en la experiencia. La paloma, preparando su revolución al batir de las alas. Los artesanos, madera hecha juguete, metal para hacer piropos y papel para...

Maitines

Pasear por la mañana, furtivamente, cuando por Renedo no ha salido aún el sol. Las calles están de baja, menos una o dos, que montan guardia para los que gustan de madrugar. Es domingo, hasta las doce o la una no despertará Valladolid. Vas a la caza del último sol de enero, que se esconde entre gris de domingo; esperando arriba, más allá del canal de los almirantes. Los periódicos aprovechan para engordar y darse un atracón a suplementos, es domingo. Las calles, también las plazas, cogen fuerzas para el lunes, replegadas sobre los adoquines, con fuentes en secano entre tierras de grano y alfalfa. Hay poca gente por las calles, calles que no hay, aparecen en nuestro camino gracias al imaginario, alguna vez, martes o miércoles, hemos pasado por allí. Aprovechas para alcahuetear por las casas, aún sin vestir. Domingo de invierno, que este año está raro, disfrazado a veces de abril. Ejercicios espirituales de tapadillo, con la necesaria soledad de las primeras horas de los páramos.

Agua en femenino

Imagen
Ciudad, sí, de buenas mozas y buenos mozos. Y por un lado, sin hacer casi ruido, se cuela por las huertas de Renedo. El invierno sigue su curso, ¡no hay otra, amigo!, la espadaña cede a los vientos que se cuelan por el valle, los campos a un lado y a otro, presentan colores de la colección de este año. Campos desnudos, a la espera del santoral, que al final es el que propone, envía y manda. Los cerros aparecen como atalayas en el Valle de la Esgueva, sin saber que vigilar. Pocos soles le quedan a este enero, uno de ellos marcha ya por el Duero hasta mañana. No hay nada por lo que alertarse, salvo por la ventolera que se ha levantado en la ribera, todo está tranquilo por el este, los carrizos rebeldes, el cielo quebrado a las cinco y cuarenta. El tiempo pasa, es mandamiento divino. Madeja de aguas, que vienen de Silos, nada más y nada menos. Aguas divinas que pasan de puntillas hacia el Pisuerga y de ahí al otro, que ese sí que da guerra últimamente. Recuerdas las primeras v...

Así nos querrá también el altísimo

Mal asunto lo de ir a misa en los tiempos que corren, los curas, los curas gordos más bien, no dicen más que majaderías, aunque si conocemos templo en el que oficie cura obrero, a ese si que podemos ir, que nos contará cosas cercanas a la realidad, y llevará camisa de cuadros y botas. Y puestos a encontrar caminos, pedregosos o no, que nos lleven al cielo por si las moscas, sin tener que pisar la iglesia, excepto para ver retablos y escapularios de los Santos Juanes, hagamos ejercicios espirituales en la calle. La calle, la nuestras, la que vemos por la ventana, regalan gozo al alma y pulso firme a espíritus taquicárdicos. Pasear por el barrio, con el aire cebado de vez en cuando por la papelera, oliendo las esquinas aunque tengan meados de chuchos, pero los nuestros al fin y al cabo. Ir a por un kilo de tomates a los ultramarinos de la esquina, y dejar correr el turno para oler a la vez los encurtidos y las medias de señora mayor, que están a buen precio, por cierto. En el Pis...