Y eso, eso de viajar a las estaciones, que sí, que decían que se podía, y vaya si se puede. --- Verano, como aquel día, cuando el sol, en todo lo alto, te hacía la ola en pleno mes de agosto. Y tú, elegante, oliendo a ganas y a brisa marina. Verano, como aquel día, ya con septiembre florecido, que me tiré sin red a todos tus acantilados. --- Y que sí, que no hace falta billete, bueno, sólo de vuelta. La cigarra y su hasta luego, el grillo, vuelva usted pronto, Y eso, que se viste el otoño, de kilómetros y de sábanas, de atardeceres y de cero tristezas. Otoño, la segunda primavera, triste para el que no se sabe divertir, y ese fresco que invita al abrazo y al meñique. --- Los días breves, las ganas y sus auroras, invierno en nosotros, pero ese invierno de Buenos Aires, ese diciembre con calor de verano, con postales de agosto. Ay, qué poco dura el sol, pero que bonita la luna en tus ojos. ¿Y la primavera? Vamos a encontrarla. ¡Va loca de soles y loca de trinos!
Atrapé uno de estos el sábado pasado, si, es una afición más de mi lista interminable, cazador de atardeceres. En ese momento no llevaba ninguna cámara, pero fue así más o menos. Sencillamente espectacular. Apareció por los cerros de Arroyo a eso de las 20.45 por la tarde y no tardé mucho en hacérselo saber a los seres especiales. Puede parecer simple, en teoría lo es, no es más que el típico paso del tiempo. O puede ser la ilustración en la bóveda de la senectud del sol, ¿acaso no hay cuadro más bello que este?. Un lienzo fugaz y caduco que tiene las horas contadas, hasta mañana, cuando alguien rompa el caballete y se líe a pintar otra muerte, no sabemos si igual, más o menos bella que la que nos ocupa. El deleite de este instante sólo está al alcance de personas con un severo entrenamiento en "pensamiento lateral", esa rama del raciocinio que nos invita a ver más allá de. Estoy cansado del pensamiento vertical, buscar en el otro lado de la frontera de la lógica...
Lo consiguió. Aunque le ha costado, horas y horas de sábados por la mañana, en la librería, delante de público de no mucho más de medio metro. Prometió hacer mucha más magia, más aún, contando cuentos. Y vaya si lo ha logrado. Sus exigentes criticos han abierto mucho los ojos, no se quieren ir de la moqueta de la tienda, pese a las prisas de las madres. Ha hecho globos con las palabras. ******* Imagen cedida de la colección Jordán y su cámara.
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