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Mostrando entradas de mayo, 2011

Seis para doce.

"Todos los días de nuestra vida", ponía en la inmensa cenefa de vinilo que rodeaba el salón.

El cuarto daba a un patio desde el que se veía la catedral y una plaza llena de naranjos.
Las mañanas de primavera el sol aparecía por la sala a eso de las diez y poco de la mañana, repasando cada rincón del lugar, para después escapar lentamente por uno de los ventanales del otro lado.

Un inmenso mural hecho de fotografías ocupaba la pared principal, que se encendían a eso de las once y cuarto.
Unos minutos más tarde, después de alimentar a las plantas, la luz subía por las cortinas hasta dar con el vinilo que bautizaba la estancia.

Desde el sofá, los dos desayunaban contemplando como se iban iluminando cada una de las seis palabras.

-Todos los días de nuestra vida - murmuró.
-Todos, todos y cada uno - decía ella mientras le miraba.

Breve ensayo sobre la propiedad.

Aguante tantas noches en el mismo bar, que se me fueron acabando las excusas, lógicamente. Mariano limpiaba vasos y contaba billetes mientras yo miraba la puerta viendo pasar a la noche por la calle. A la una y media más o menos echábamos el cierre a la persiana, hasta mañana a la misma hora, las ocho once de la noche más o menos, cuando yo venía de mi tienda imaginaria de vender libros imaginarios, era mi trabajo, mi trabajo imaginario.
Cenaba en el bar antes de subir a casa, veía el partido si era día de copa, echaba lo suelto a la máquina y hablaba de lo que fuera con la parroquia, así aguantaba hasta la hora de cerrar, esperando a que pasases otra vez por el bar. Después me iba a casa, me acostaba, descansaba y me volvía a levantar para irme a mi trabajo de verdad, con mi vida de verdad, por la noche repetiría el mismo ceremonial, a ver si la suerte cambia de acera y entra en el bar.
Aguante tantas noches como quince en el mismo bar, mi mujer ya se estaba empezando a molestar, no le fa…