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Mostrando entradas de agosto, 2011

CARTAS A BRUSELAS

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Es la segunda vez que te escribo. Sólo han pasado cuatro días desde la última carta y ya tengo muchas cosas que contarte. Han sido días fantásticos, aunque sólo coincidiéramos para cenar, a mi me sobraba y me bastaba, sólo por eso merecía la pena levantarse. ¿Y ahora qué?, nos lo hemos preguntado muchas veces, no lo sé, sólo contar, empezar la cuenta atrás hasta el próximo mes de agosto. He soñado muchas veces con el futuro, el futuro contigo, ¿sabes?, en el que regresas y te quedas para siempre, suena tan bien. Parece mentira, yo pensaba que esto de amar era cosa de mayores, pero me parece que ya voy empezando a saber lo que se siente. Me dicen que esto es cosa de críos, mentira, yo con catorce años seguro que siento y quiero más que alguien con treinta. Tengo miedo del tiempo, de que pase y las hojas del calendario se queden en blanco, no lo sé, no sé qué pensar, estoy hecha un lío. Ahora alargo la imagen de tu presencia cerca de mí estos días, estirando hasta el límit

EL FINAL

Al dar las doce empezó su fiesta. Sola, vacía, desprendiendo un aroma intenso a asfalto y a papel mojado; no hacía mucho que había pasado el último camión de la basura esparciendo una variedad nueva de confeti. Mirando al cielo, unas lamparillas blancas, meciéndose con el poco viento con albahaca que soplaba por los cosos, insuflando realidad a la ciudad. No queda  casi nadie, está todo vacío, la calle reposa sobre globos deshinchados y vasos cuarteados. Andamos por el medio de la calle, casi sin hablar, disfrutando de esa propiedad efímera de la carretera para nosotros solos. La música, a lo lejos quería sonar un poco más fuerte, pero era imposible, el calendario mandaba sobre todo. Restos de la fiesta que se van calle abajo, por el empedrado, buscando la alcantarilla. “Si amanece nos vamos”, parecían decir los últimos rezagados. Amaneció.