Seis para doce.

"Todos los días de nuestra vida", ponía en la inmensa cenefa de vinilo que rodeaba el salón.

El cuarto daba a un patio desde el que se veía la catedral y una plaza llena de naranjos.
Las mañanas de primavera el sol aparecía por la sala a eso de las diez y poco de la mañana, repasando cada rincón del lugar, para después escapar lentamente por uno de los ventanales del otro lado.

Un inmenso mural hecho de fotografías ocupaba la pared principal, que se encendían a eso de las once y cuarto.
Unos minutos más tarde, después de alimentar a las plantas, la luz subía por las cortinas hasta dar con el vinilo que bautizaba la estancia.

Desde el sofá, los dos desayunaban contemplando como se iban iluminando cada una de las seis palabras.

-Todos los días de nuestra vida - murmuró.
-Todos, todos y cada uno - decía ella mientras le miraba.

Comentarios

cris ha dicho que…
:O

me encanta diego, te lo dire siempre... :)

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