EN MEDIO DEL ONCE

Sorbos de letras un domingo en Osca.

La carrera del sol.
Por enésima vez, te has levantado temprano con el reto de todos los domingos que duermes al lado del Isuela.
Esta vez no se te puede escapar la victoria.
El sol aún no ha despuntado por Barbastro, cuando tú y tus playeros echaís a correr río arriba con tal de derrotar al amanecer.
Vuelves a perder tras más de diez kilómetros de lucha.
El universo te ha vuelto a ganar.
Vencido el resto del día por el tiempo.

Al ladrón.
Una marabunta de zagales y padres te sorprenden en medio de tu paseo.
Corren persiguiendo un coche rojo que lleva una sirena naranja,
Son muchos y están bien organizados.
Las madres, tiritas y agua en mano, alivian el esfuerzo de la carrera.
Tras ellos, con suma paciencia, dos motos de policía.
Van a tener díficil descubrir quién fue el que cometió el atraco.

Sacrilegios.
Comprar una simple barra de pan es puro morbo.
La panadería invita a entrar, es grande, bonita, bien iluminada, y huele muy bien.
Aunque entre tanto azúcar y almíbar, hay hueco para la desgracia.
La buena mujer, entre sonrisas, te invita a que pruebes parte de sus crímenes.
Y se queda tan ancha.
Te la imaginas rondando los cementerios saco en mano.
Saqueando ermitas y santuaríos.
En busca de los dedos de Santa Teresa o las orejas de San Vicente.
Entiendes, por fin, que haya tanto gitano manco.


El escondite.
Hace bueno, te olvidas del abrigo en casa.
Pero no te fías.
El frío de Canfranc ya ha venido hace días y está esperando.
No sabes dónde.
Aguardando a que den las siete.

CUENTA NUEVA


- ¿Qué miras?
- Ah, nada nada, estaba pensando, pensando un poco.
- Ya, ¿en?.
- Sabes Gertrude -dijo mientras daba una larguísima calada al cigarrillo- creo que voy a pedir un año de excedencia en el departamento.
- ¿Eh?, ¿va algo mal? - respondió sin apartar la mirada de la página cuarenta.
- Ah, no, no, nada mal, va todo, si, va todo bien, pero, um, creo que estoy un poco cansado, los tiempos, si, los tiempos cambian y a mi tanta prisa me, me supera.
- Ya estamos en mayo, quedan diez días para irnos a descansar a la playa.
- Eu, si, si, pero, pero no, creo que necesito parar, pararme a pensar, bueno, pensar no, no hacer nada.
- No sé cariño, haz lo que quieras, lo que tu quieras, a mi me parecerá estupendo.
- Si, si, seguro.

Tras una eterna calada, y después de pasar a la página cuarenta y cinco, Gertrude, su amada Gertrude, se coló en el silencio de la estancia.

- ¿Y qué piensas hacer?
- Descansar.
- Bien, eso está muy bien.

Basile tuvo que confesarse.

-Bueno...bueno en verdad...esto era una sorpresa.
-¿Cómo una sorpresa?
-Te acuerdas de nuestra luna de miel.
-Oh si, unos días inolvidables cariño.
- ¿Repetimos?
-¿Cómo?
- Quiero, quiero que dure un año.


******

Hotel by Railroad (E.Hopper)

- ¿Hopper? ¿Qué raro?
- Sí, rarísisérrimo.


GOTITAS

Historias rápidas para leer en el ascensor.

Las horas.
Te levantas a los pies de la Sierra Guara, el preludio de los Pirineos; comes viendo el Pilar; cenas en la meseta.
Piensas en cuánta verdad hay cuando oyes decir eso de que los días pueden hacerse interminables.

Madejita.
En un ejercicio arriesgado cruzas la vía por dónde no se debe.
No se ve ningún tren viniendo por la derecha.
Tampoco por la izquierda.
Miras con detenimiento el cambalache de vías que se cruzan al lado de tus pies.
Imaginas la de trenes y destinos que han pasado por allí encima.
Miras otras vez a ambos lados, por si las moscas.

El beso de Klimt.
Una pareja de abuelillos esperan la salida del tren que seguro que les lleva a su casa.
Toman un café, que con el frío que hace, se agradece.
En un gesto que te conmueve, él le da un beso en la mejilla.
Imaginas la de veces que habrá hecho sonreir a su amada con ese sencillo gesto envuelto en tanta ternura.

PORTA CAELI


Por esas latitudes no había más que dos estaciones, verano e invierno; nadie hasta el momento habia visto pasear por las calles los preludios de la primavera y del otoño.
El frío había dejado las maletas en su cuarto para establecerse allí una larga temporada.
Los árboles vertidos por el viento.
El cuello oculto bajo el abrigo.
Las manos tensas a punto de agujerear los bolsillos.

Aún era pronto para recogerse en casa y hasta mañana.
Optaron por retar al aire congelado y sentarse en el banco.
No había mucha más gente pululando por ahí; un par de estudiantes persiguiendo sus apuntes por la calle, un señor mayor que aún se atrevía a dibujar algo en su libreta, calánndose la boina hasta la nuez y ellos dos.
Tampoco era muy importante, la verdad.

Las manos se mezclaban con los ojos en una madeja desordenada de sensaciones.
Lo espontáneo prevalecía sobre lo planificado, echando por los suelos cualquier intento de calma y de serenidad.
Su pelo sí, mantenía la belleza y el tacto que tanto le gustaba.
La de veces que habrán conjugado el verbo atusar en su primera y segunda persona.
Había nervios y nudos en la estómago.
La luna empezó a hacer giros extraños.
El cielo, poco a poco, empezó a plegarse sobre él mismo y a explosionar por diferentes ángulos de la noche.
Una paleta de colores y de extrañas figuras comenzaron a habitar la bóveda celestial.
Toda la ciudad quedó paralizada en ese preciso y precioso instante.
Los estudiantes tiraron sus carpetas al suelo mientras rezaban a sus dioses.
El hombre de la boina rompió todos sus bocetas, su mano volaba y quemaba la hoja del papel, la velocidad de sus trazos era infinita.
El cielo se estaba abriendo de par en par, parecia el juicio final.
Nada tenía sentido en ese momento, carecía el tiempo de normalidad.

Aprovechando que ella miraba el grandioso espectáculo de colores y estrellas, lanzó al aire su boca en busca de un beso.
Y se lo regaló.
No había lugar para el tiempo ni las esperas.
Ese era el momento.

******
-¿Kandinsky? ¿Cómo?
-Ya...
-No nos estaremos olvidando de Hopper...
-Jamás.
-De Hopper y sus soledades.
-Y de sus luces.

REY SOL



Abrió su cuaderno de notas por la página dieciseís, viendo ante él un gran reto blanco en forma de cuartilla.

- ¡Aquí puede quedar estupendo!

Antes de marchar a por su trofeo, echó la vista y las páginas hacia atrás. Ciro heredó el gusto por la caza gracias a su madre.
Esa misma tarde, justo al dar las seis y media, preparó su macuto y se echó a la calle.

- Si no me doy prisa, se me va vivito... - decía jadeando mientras miraba una y otra vez las manecillas del reloj.

Sus pasos dejaron atrás el asfalto a la media hora de salir de casa, en ese momento, la tierra y los primeros helechos del monte le abrían las puertas a su decimosexta aventura.
Poco a poco, con toda la paciencia del atardecer, el sol se iba difuminando en una increíble composición de tonos ocres y anaranjados.
El padre Duero se presentó cómo su primer gran obstáculo, las aguas de las primeras lluvias del otoño le daban una fuerza increíble dentro del remanso de paz que aparenta ser el gran río Duero.
Ciro se rasco la cabeza en busca de alguna brillante idea con la que amansar a la fiera del agua, mientras tanto, su objeto de deseo se le iba alejando a cada minuto.
Se acordó de los versos del poeta; nada más hablar de las cárdenas roquedas, el padre Duero convirtió sus rugidos en susurros de peluche.
Nó tuvo valor de mirar hacia atrás, la cara que se le quedó fue un verdadero poema.

Ya daban las siete, toda esperanza de cazar algo que mereciera la pena se esfumaban con las primeros pasos de la noche.
A lo lejos, cuatro gigantes despertaban de su descanso maldito en la roca, justo cuando el sol se despedía de esta parte de la tierra.
El imponente perfil, recortado por el morir colorado del sol, reducían a polvo las intenciones de Ciro.

- ¿Dónde crees que vas? - preguntó el más viejo de los gigantes a Ciro.

El joven aventurero intentó encontrar algo en su voz para contestarle, pero solo hallaba balbuceos.
Al ritmo que marcaba el ocaso, los gigantes volvían a su eterno sepulcro, cubiertos con la niebla del atardecer, que hacía las veces de mortaja; las luces de la ciudad, guiaban a la comitiva hacía ese inmenso cementerio tallado en la piedra.

Ciro sólo tuvo permiso para sentarse y disfrutar del espectáculo del rey sol.
Mañana volverá a cazar atardeceres.

COLABORACIÓN EN BEJOPA

Buenas noticias.

BEJOPA (asociación cultural de la ciudad de Huesca) ha querido que mis letras colaboren en su revista.
Empezaremos por un artículo sobre la histórica y legendaria comarca del Sobrarbe.

Iremos informando.

Esto es cosa de todos, no solo mía.




Come

CINEMA PARADISO


Se me ha adelantado el primo que ahora bebe fino.
Pero el tributo que le rinde en su blog es calcado al que pretendía subirme hasta Sión.
Poco o nada se puede añadir a las letras en forma de boina y cabina roja que le escribe er primo sin asento.

Ahora vendrán los típicos homenajes, de los que muchos serán de manual.
La gran lacra de este país es esa enfermedad del olvido, que nos hace querer mal a nuestros verdaderos ILUSTRES.

El Ministerio de Cultura seguirá regalando el dinero de los contribuyentes, tu dinero, mi dinero; para financiar a peliculillas de casi actoruchos, en vez de fomentar y divulgar el verdadero cine español, del que hoy nos deja una parte, una parte muy importante.

Yo mientras tanto, seguiré viendo una y otra vez sus películas, las películas de Jose Luis López Vázquez, Don Jose Luis López Vázquez.

Nuestro cine, el de verdad.


*****


Ah, y si, voy a mandar una carta a estos personajes del ministerio, por lo del Santo Entierro de Juan de Juni.
Y si es mañana mejor.
Parece que nos gusta cada día más empacharnos de pegamento.