CARTAS A BRUSELAS



Es la segunda vez que te escribo.

Sólo han pasado cuatro días desde la última carta y ya tengo muchas cosas que contarte.
Han sido días fantásticos, aunque sólo coincidiéramos para cenar, a mi me sobraba y me bastaba, sólo por eso merecía la pena levantarse.

¿Y ahora qué?, nos lo hemos preguntado muchas veces, no lo sé, sólo contar, empezar la cuenta atrás hasta el próximo mes de agosto.
He soñado muchas veces con el futuro, el futuro contigo, ¿sabes?, en el que regresas y te quedas para siempre, suena tan bien.

Parece mentira, yo pensaba que esto de amar era cosa de mayores, pero me parece que ya voy empezando a saber lo que se siente.
Me dicen que esto es cosa de críos, mentira, yo con catorce años seguro que siento y quiero más que alguien con treinta.

Tengo miedo del tiempo, de que pase y las hojas del calendario se queden en blanco, no lo sé, no sé qué pensar, estoy hecha un lío.

Ahora alargo la imagen de tu presencia cerca de mí estos días, estirando hasta el límite todo lo que hemos vivido juntos hasta antes de ayer, cada día gasto un poquito de mi memoria y así aguantar con tus recuerdos en mi memoria hasta el año que viene.

No sé dónde irá a parar esta carta, es muy probable que duerma junta a la otra en el cajón, hasta que consiga reunir algo de valor para poder enviarlas;  cuando en mis sueños no salgamos los dos por Bruselas, bajaré al buzón.

C.

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