Estación en curva

Madrid.
Abril, primavera con abrigo.
Día veinte, o día diez, que es un número estupendo.
Por la tarde, a las seis y media, o a las ocho, que más da.

Marina sale de casa, destino, el suyo.
Se pone sus zapatillas.
Su pantalón negro azulado, con tres bolsillos.
Camiseta azul modelo festival de música.
Sudadera naranja con capucha de premio.
Conecta su mp3 y echa a andar...se acuerda de la estrofa..."caminante no hay camino...", que ironía.

Al otro lado de la capital está Daniel, fingiendo deseos de esperarla, pero los compromisos son los compromisos, qué palabra y qué concepto tan deliciosamente odioso.

Cuarenta y cinco minutos de metro desde Valdecarros hasta Plaza de Castilla.
Marina lleva gafas de sol, pese a que la tarde ya se ha echo dueña y señora de la luz, y la luna empieza a desperezarse por su lado de la cama.
Quiere desaparecer esos cuarenta y cinco minutos, y confía en que sus gafas le concedan el poder de la invisibilidad.

Las canciones están minuciosamente seleccionadas para conseguir un estado de ánimo de los de libro de autoayuda, y así poder aguantar la mirada a Daniel, que le espera al otro lado del túnel.
Llevan meses sin verse o días...ya ni se sabe.

Ha costado, pero al final han conseguido quedar, dejando de inventarse agendas de apretadas.

Amparanoia acompaña a Marina, y sin llamar se presentan una serie de baladas qué no habían sido invitadas.

Pasa el tiempo, y el show continua, pasan las estaciones y la música sigue sonando.

En el vagón hay muchas Marinas y Danieles, de los oídos de sus compañeros de viaje salen kilometros de cables formando una jungla muy espesa por todo el vagón de la línea uno de metro.
Nadie habla, tan sólo oyen.

Marina sonríe, la música que suena a pocos minutos de la estación dónde está Daniel la va subiendo el ánimo poco a poco, parece un buen presagio.

Fin de trayecto.
Laberinto de escaleras.
Laberinto de canciones en las que perderse.
Aún hay tiempo de darse la vuelta, Marina.

Ahí está Daniel con su mp3, esperando a Marina.
Sonríe.

Y sonríen.


Comentarios

David Jack ha dicho que…
Me encantan los textos... que bueno descubrirte :D

Saludos desde Australia

www.imaginajack.com

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