MIrando al cielo


Parecía una noche cualquiera, salvo que la bóveda celestial estaba adornada por millones de perlas.
Era julio, la noche estaba preciosa, el sueño de todo pintor.

Rafa conducía tranquilamente por la comarcal, una carreterita pequeñita que subía hasta lo más alto del faro, rodeando la iglesia y la atalaya.
La ventanilla un poco abierta dejaba en el coche el poso de la brisa marina, que perfumaba el interior del vehículo con el aroma del mar.
En la radio, Pet Shop Boys...Home and dry...la canción ideal para lo que Rafa soñaba con que fuera una noche ideal.

En uno de los bancos cercanos al pequeño jardín que había en la explanada del faro estaba sentada Ana, su novia, esperando desde hace un tiempo.

Tiempo que aprovecho para disfrutar del bonito cuadro que se dibujaba en ese momento en sus ojos, el mar de noche, las luces de los barcos pesqueros iluminando suavemente su parcela de agua, el ruido de las olas rompiendo en la luna...una noche preciosa, el sueño de todo poeta.

Ana, Rafa y de testigo mudo, el cielo de esa noche.

-Hola...-
-Hola Rafa..-
Primer silencio incómodo

-Esta la noche preciosa, ¿no crees?-
-...si, ....-
Seguno silencio, más frío aún que el primero.

Rafa y Ana llevaban una temporada distanciados, los besos sabían a azufre, y los abrazos pinchaban...
Él pensó en el faro de su pueblo marinero cómo punto de encuentro con el amor de su vida, un amor que se alejaba por minutos.
Corazones cansados, manos que se dan pero no se unen, miradas para salir del apuro y por compromiso...odiosa rutina.

Los silencios de piedra y marmol, y el frescor de la brisa estaban incomodando más si cabe a Ana.
Alegando cansancio y madrugon matutino abandonó la cita con premeditación y alevosía.

Rafa encajó bien el golpe, contaba con ello.
Sacó de su bolsillo un trozo de papel dónde había escrito un pequeño decálogo sobre las maravillas de su novia...¡qué loco enamorado!

Se acomodó en el banco del faro, volvió a doblar el papel y le dejó caer por el acantilado, esperando que alguna barca se lo llevara mar adentro, y que por cosas del destino, llegara hasta la playa dónde Ana solía descansar en verano.

Al lado del faro, mirando al cielo.










Comentarios

irene buscando la felicidad ha dicho que…
Precioso...
Desde luego, has resultado ser todo un descubrimiento, eh?
No dejes de escribir, tus textos son una maravilla.
Te voy a linkar ahora mismo!
Un besico.

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