sábado, 9 de mayo de 2009

EL DE LAS CUATRO Y MEDIA

Louise es una chica bastante inquieta, muy observadora, la gusta...la encanta inventarse cuentos sobre la gente que ve cada quince días en el tren de las cuatro y media.
No así la Srta. Clemens, todo tranquilidad, exportadora de paz y de muy buenas vibraciones; siempre pide el asiento 2V (ventanilla).

El trayecto hasta Missoula es largo, las manecillas del reloj peregrinan hasta la hora de llegada con el paso de un inválido.

- La lectura es un buen pasatiempo - opina Anne Perkins - pero voy a echar un vistazo a los paisajes - dijo antes de girar su asiento.

El convoy atraviesa con todo el tiempo del mundo Wyoming, de hecho hay testigos que aseguran ver a la locomotora echar la vista atrás, como si no quisiera llegar nunca a su destino; extraña melancolía.

Son ya más de las cinco y cuarenta de la tarde.


- Perdone...perdone...señor.... - bisbisea Louise.
- Oh, disculpe.
- ¿Tiene hora?.
- Oh, si, disculpe, son las cinco y cuarenta y seis.

La misma escena.
Los mismos protagonistas.
En el de las cuatro y media.

**********

Y yo añado: gracias dios* por crear a Hooper.

*Puede usted elegir el dios que quiera apreciado (ada) lector (ora).
En efecto, dios con minúsculas.



1 comentario:

Fernando dijo...

También yo le doy las gracias. Si no, nos hubiéramos perdido este relato.