lunes, 18 de mayo de 2009

LA CALLE DE LOS CUENTOS (I)

Literatura breve, compuesta tras los paseos por La Rambla.




El bosque de las hadas.
Una pareja de artistas callejeros encarna a las hadas de los cuentos, sus disfraces de color verde y amarillo te recuerdan el frescor de los limoneros.
La niña que se acerca a echarles su moneda se queda mirándolas fijamente, mientras las estatuas vivientes la acarician el pelo con una dulzura que te conmueve.
Se despide agitando su manita de cuatro años, acaba de conocer a las protagonistas de sus historias y sueños.

El juglar
Te encuentras con tres jóvenes, crees que son irlandeses por el tono rojizo de su cabello y la palidez de su piel.
Hacen sonar con maestría el fagot, el piano y el banjo.
Ves las fundas de todos los instrumentos, y te preguntas sobre como trasladaran el inmenso piano calle arriba o calle abajo.
Esperas paciente el fin de su actuación para resolver el misterio.
Añaden unas ruedecillas, semejantes a las pequeñas bicicletas de la infancia.
El trío de la isla esmeralda echa a andar, buscano una nueva plaza o una callejuela.
Los juglares del medievo, de pueblo en pueblo.

Pícaro
El trilero y sus compinches.
Buscando a través del teatrillo de la palabra la rendición a su truco.

Polichinela
Sin un recipiente en donde echar tu moneda.
Le importa solo tu risa y tu piensas en los afortunados que saben sonreír.

Mayoría de edad
Un niño absorto contemplando el ataud de monigote y acuarela que tiene delante.
Sabe, por los cuentos, quién habita en esa caja.
Pero le echa valor y se acerca.
Hoy es un poco más mayor.

Baile de cunas
Un grupo cantando baladas de nuestros abuelos.
El trasiego y vaivén de la gente camufla el brillo de la escena.
Todos andan deprisa, sin atender al pentagrama y a las voces.
Una pareja de enamorados, sin embargo, se mece al son de la música.

Bonito desorden
El maletín del artista, abierto de par en par, como una ventana por la que entra en casa el fresco de la mañana.
Un ala de ángel, una pintura azul, una zapatilla teñida de color oro...
Puedes imaginarte el viento, que ha entrado sin llamar a una tienda de disfraces, revolviéndolo todo.



1 comentario:

luispe dijo...

me estás dejando impresionado, sigo leyendo más abajo...