lunes, 31 de agosto de 2009

A la sombra de tu fuente

Quedaron el domingo por la tarde, aprovechando que los domingos son para eso, para dar una vuelta y soportar de alguna manera el tedio.
Valladolid en domingo es aún más gris que un lunes o un martes, los restos de la fiesta se mezclan con paseos y horas muertas, dando lugar a un cuadro con una patética mezcla de colores y formas.

Sin saberlo, Moisés, el mediano de los Escudero, repetía lo que han hecho casi todos los vallisoletanos, pasear su amor por el Campo Grande; esos paseos de media tarde chuleando de zagala delante del palomar, robando besos a la chavala de turno con el ángel de la fuente convertido en confidente de piedra.

Le costó dios y dos santos mártires engañar a su padre para salir a dar una vuelta, pero con la excusa de acompañar a la tía a las novenas, el pater familias, capillita y beaturro, cedió mansamente.
El verano al lado del Pisuerga no da tregua, arremete sin piedad a más de treinta y cinco grados, sólo cuando el páramo deshace el día, las gentes de esta ciudad, la de Ansúrez, salen a tomar las calles.

El mediano de los Escudero esperó los veinte minutos de cortesía y protocolo a su joven amor, mientras los pavos reales cuchicheaban a sus espaldas sobre el aspecto del púber.
Opositaba sin querer a vallisoletano de primera; domingo de verano, una chica y el campo grande, como en las letras de Umbral.

Dan las siete, o eso parece, las manecillas de agua de la fuente no son muy claras a la hora de marcar las horas.Y ella que no viene, sabe que no vendrá.
El verano posee esa doble cara; la de los helados en las tardes de julio, la piscina, la playa, el reencuentro con amistades pretéritas; y la otra, la gris, la de los días lluviosos en mitad de agosto, la soledad de la meseta, los amores de vaivén.

Uno de estos, a los catorce años, puede convertirse en un indigesto bocado aderezado con pizcas de típica melancolía adolescente; el banco del paseo fue haciéndose a cada minuto de más esperado, un poco más grande, encontrándose Moisés, pasada media hora, en lo alto de un páramo de piedra, sol y domingo de agosto.

Dan las ocho.
Ya no vendrá.

El que fuera Campo de Marte despide los pasos vagos del mediano de los Escudero entre palomares y juegos de agua.Cosas de amores de verano.

Son cosas de la edad.

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