jueves, 29 de octubre de 2009

BANDA SONORA ORIGINAL


Las primeras boiras anunciaban la llegada del otoño.
Ese mismo sábado cambiaban ya la hora.
Definitivamente se abría la veda para los cazadores de atardeceres.
Se podía pasar horas, tardes enteras, esperando con mucha paciencia la puesta de sol.
La foto era de primer premio: las siete de la tarde, los primeros fríos del final del año entrando por Trasmuro; la Seo allá, en lo alto, tocando con su campanario el cielo gris con toques de azul; y de fondo los imponentes Mallos.

Todo lo que deseaba se resumía en ese momento, que nunca se volvería a repetir.
Atardeceres puede haber muchos, pero ese, hasta el momento, era el más bonito que un cazador de ocasos como él había visto jamás.
Una puesta de sol que jamás ningún pintor podrá reflejar con su paleta y sus pinceles.
Atardeceres llenos de literatura, pero que nunca serán descritos con las palabras exactas, ni por más de mil enamorados poetas.
No hay galería de arte en el mundo con el espacio suficiente para mostrar al mundo el esplendor y majestuosidad de ese cuadro de las siete en punto.

Se imagina dentro de unos años, en ese mismo lugar, con una pequeña llovizna decorando el cielo y el suelo, al lado de…quién sabe.
Mientras tanto, las siete de la tarde serán el punto de partida de su viaje diario por la senda onírica, a la caza de los atardeceres.

Esperando, como todas las tardes…
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Imagen: atardecer en la plana de Huesca, obtenida de www.huesca.com

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