PORTA CAELI


Por esas latitudes no había más que dos estaciones, verano e invierno; nadie hasta el momento habia visto pasear por las calles los preludios de la primavera y del otoño.
El frío había dejado las maletas en su cuarto para establecerse allí una larga temporada.
Los árboles vertidos por el viento.
El cuello oculto bajo el abrigo.
Las manos tensas a punto de agujerear los bolsillos.

Aún era pronto para recogerse en casa y hasta mañana.
Optaron por retar al aire congelado y sentarse en el banco.
No había mucha más gente pululando por ahí; un par de estudiantes persiguiendo sus apuntes por la calle, un señor mayor que aún se atrevía a dibujar algo en su libreta, calánndose la boina hasta la nuez y ellos dos.
Tampoco era muy importante, la verdad.

Las manos se mezclaban con los ojos en una madeja desordenada de sensaciones.
Lo espontáneo prevalecía sobre lo planificado, echando por los suelos cualquier intento de calma y de serenidad.
Su pelo sí, mantenía la belleza y el tacto que tanto le gustaba.
La de veces que habrán conjugado el verbo atusar en su primera y segunda persona.
Había nervios y nudos en la estómago.
La luna empezó a hacer giros extraños.
El cielo, poco a poco, empezó a plegarse sobre él mismo y a explosionar por diferentes ángulos de la noche.
Una paleta de colores y de extrañas figuras comenzaron a habitar la bóveda celestial.
Toda la ciudad quedó paralizada en ese preciso y precioso instante.
Los estudiantes tiraron sus carpetas al suelo mientras rezaban a sus dioses.
El hombre de la boina rompió todos sus bocetas, su mano volaba y quemaba la hoja del papel, la velocidad de sus trazos era infinita.
El cielo se estaba abriendo de par en par, parecia el juicio final.
Nada tenía sentido en ese momento, carecía el tiempo de normalidad.

Aprovechando que ella miraba el grandioso espectáculo de colores y estrellas, lanzó al aire su boca en busca de un beso.
Y se lo regaló.
No había lugar para el tiempo ni las esperas.
Ese era el momento.

******
-¿Kandinsky? ¿Cómo?
-Ya...
-No nos estaremos olvidando de Hopper...
-Jamás.
-De Hopper y sus soledades.
-Y de sus luces.

Comentarios

Entradas populares de este blog

El indigesto salmón

Sunflower review

Reinventado a Hopper (cuarta parte)