Y en tu ventana



Sentada en el sofá, lo llamaba para que vieran juntos la televisión.
Pero él estaba a otra cosa, ocupado en uno de sus pasatiempos.
Iban a dar ya las siete de la tarde del sábado, el sol empezaba a esconderse por dónde se pierde el Pisuerga.
Ella, un poco enfadada al ver que no hacía caso omiso a su llamada, empezó a enojarse.
El espectáculo que había más allá de la ventana no se lo podía perder, por lo que decidió levantarse del sofá para ver qué es lo que mantenía tan ocupado al otro.

-¿Por qué no vienes?
- Mira...

Era uno de los primeros atardeceres del mes de enero, que ese año había venido congelado.
El sol pintaba poco a poco las riberas y La Buena Moza.
Las primeras luces de las casas empezaban a asomar, serían ya las siete y cinco, aproximadamente.
A la derecha, las pequeñas lomas que crecen por Renedo y por la Esgueva, vencidas por la noche
De frente, los altos de la Fuente del Sol, trastienda de los Torozos, coloreados de un bonito color negro con trazas de naranja.
Por la izquierda, dónde se huele el Duero, las últimas horas del día.
Los coches, que te imaginas dónde pueden ir, pero sólo eso, te lo imaginas.
Igual piensas de la gente, que está a nueve pisos por debajo de tí, adivinas, por sus prisas, que tienen mucho frío.
Atardeceres en un noveno, a tantísimos metros de altura sobre la ciudad.

Contemplando juntos las azoteas que se ponen de sábado noche.


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Imagen de la colección de Diego Vicente

Comentarios

maduixeta ha dicho que…
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
maduixeta ha dicho que…
preciosa fotografía, precioso relato y... precioso momento :)

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