JUANMA, EL MAPACHE COMENIÑOS Y OTRAS HISTORIAS.


Y a las diez y media en la plaza de Anento, actuación estelar de Pepín Banzo, multimúsico, bufón, escapista y diez oficios más.
Sentados, culo en piedra, con la botella de vino tinto pegada a la mano, crespina en cabeza y rastrojeras en los pies.
Pepin Banzo, sabe tocar la música del Merxxcaxxxdoxxxna con la gaita, domar fieras salvajes sedientas de sangre y nubecillas de quiosco.

Los padres, mientras tanto, respiran sabiendo que, durante al menos una hora, sabráN lo que es no tener Manueles y Susanas, que te los comerías a besos o directamente te les comerías vivos, escuchando sus lamentacioncillas,

Pepin Banzo sabe manejar un pedal que hace magia con la música y cantar amorosas sonatas que recitaban los pastores años ha por esos caminos de jara y piedra de Aragón.

Los niños no se callan, pero Pepin Banzo, como buen hombre de medievo y visionario renacentista, ha criado un animalillo asesino de infantes que se llama "Juanma, el mapache comeniños".
Las criaturas vienen valientes, ya no se achantan ante la alta probabilidad de convertir sus deditos de lana en muñones de corchopan.

Y así, mientras los niños iban perdiendo falanges, Pepín Banzo, a la luz de las hogueras, cantaba y contaba cuentos de pastores Aragoneses y de princesas del Pirineo, gaita en mano.
Pasaje de aire al Valle de Tena, con parada en Boltaña y habitación con vistas a Canfranc.

Sábados de piedra y aguallueve, escondidos entre la laguna de Gallocanta y las aguas del Jiloca, viendo la luna llena salir y pasar, jugando a los caballeros rodeados de románico.

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