MAGISTER BOSCO (1) - EL JARDÍN DEL EDEN


¿Acaso no es nuestra existencia un jardín de venturas y parabienes?
¿Son reales?¿Son tangibles?
La duda, la eterna duda, a la par que necesaria.
Reflexiones en colores sobre la obra magistral del Bosco.
El conjunto pictórico se nos presenta ordenado de mayor (el jardín del edén) a menor (el infierno), entendiendo mayor, cómo el estadio ideal en el que debería de habitar una persona, atención, "debería".
Pasa el tiempo, y pasa renqueante, midiendo pausas y dinámicas, suficientes son los segundos para pararse a pensar en nuestro "ego".

Creemos que nuestra felicidad habita en el jardín de las delicias, cuando, sin ir más lejos, la tabla de la izquierda representa el principio del fin, el epílogo del hombre.
El Bosco, en esta impresionante obra de arte, representa el "id" y el "superego", pensamientos morales, éticos, pulsiones primigenias.
Alrededor de los anteriores estadios, danza al son del alma la pátina del "ego".

La fuente del centro ejemplifica a la perfección las vanidades del ser, una construcción esbelta, bella, cuasi perfecta, pero que en su interior alberga el animal de las brujas, el chivato del arca, el búho.
Más abajo, Adán y Eva, amos y señores del pecado original.
Es aberrante, culpar del mal humano a la manzana.
Pero, claro, así es más sencillo aliviar las necedades de cada uno, cargando el pecado venial y el mortal sobre el otro.
Examen de conciencia, prueba escrita al alma, en busca de ese sobresaliente con nosotros mismos.
Al final es lo que nos va a quedar cuando seamos una sustancia polvorienta y gris.

La vida es complicada, una pantomima, una sola oportunidad ¿para hacer el qué?.
A veces creo que estamos aquí para hacer la nada más absoluta.
Este precioso jardín me agobia, todo tan perfecto, de manual.

Lecciones magistrales del Bosco, parte uno.

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