viernes, 26 de noviembre de 2010

LUNA SOLEDAD

Eran buenas tardes cuando he salido de casa pero ya pensaba en las buenas noches.

Me puse mis más simples galas y me armé con bolígrafo y papel en busca del sol de noviembre con idea de convertirlo en marcapáginas.

Pensé en auparme hasta lo más alto del Reino de los Mallos, dejarme absorber por el vacío, agarrar al sol por uno de sus abrasadores rayos para hacerlo papel y palabra.
No es justo dejar al calendario sin un atardecer, por lo que he optado seguirle hasta el ocaso y allí darle forma.

He cargado la mochila con muchas letras, para convencer al sol, mediante los versos, de que se transforme hoy en letra y en buenas noches.

He seguido al sol por el Ebro, a esas horas ya era una marioneta del cielo, de rayos tibios, de calor extraño.

Vigilo al sol, se disfraza de fuerte ante la gente, pero yo ya lo conozco, sé que le queda poco para que se haga frase de hoja en blanco, queda poco para que se haga "buenas noches".

Necesito eses para el sol.
Abro a Pessoa por la página siete, necesito leer en Portugués, la lengua de las eses.

Eses para señalizar con sonidos, senderos sinuosos entre las sombras.
Para sorprenderte con soles y secretos.
Eses para solicitar a Sabina que susurre silbidos a la soledad.
Dos eses para crear sabados.
Dos eses para formar sueños.
Dos para saciar la sed con vino, y situar sentimientos sencillos sobre dos sillas.

Necesito dos eses para que den las seis.

Suenan seis campanada, el mundo decide pararse al ritmo que el sol se separa de la tierra para hacerse letras en mi cuaderno.
Las manecillas, locas, se sitúan en las doce y nueve minutos de lo que ya es sábado.

El sol hecho frase y verso, atrapado entre dos tapas, proyectando los colores de ese día ya acabado entre las ochenta páginas del bloc; el azul de la mañana en Guara, el ocre al pasar por el río Ebro, la belleza del negro espeso de la noche castellana.

Un sol que ya es historia, está transformando en relato, aquí para ti.
Sol que hace horas piso andenes, por los que tu habrás pisado habiendo ya luna.
Con el sol atrapado para siempre entre estas letras, la noche se llama eternidad.
Sólo nos queda la luna, para siempre.

Luna soledad.

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