viernes, 3 de agosto de 2012

Slow business


Hablemos de negocios.

Pero hablemos de negocios con toda la calma del mundo, sin prisa, despacito.

Así al menos es la mentalidad en Marjayoun a la hora del mercadeo;  el concepto de comercio tal y cómo lo entendemos ahora,  tuvo su origen en estas  coordenadas; no tiene nada que ver a lo que hacemos en occidente.

Da lo mismo que vayas con o sin uniforme, las tiendas tienen un apartado en el que el dueño te invita a tomar un té, un café con unos dátiles, ahí es dónde le pides lo que quieres, él te va escuchando y se van pactando los precios, el regateo es una ley mercantil no escrita.

Trabajan, trabajamos, con tres monedas a la vez, dólares, euros y libras libanesas, puede parecer un poco caótico, pero en dos días te conviertes en un hábil regateador previa consulta mañanera del tipo de cambio del día.
Tardamos mucho en comprar, no es llegar, coger, pagar y marcharse; entrar en una tienda es acordarte de lo enfermo que estaba el padre, el equipo de fútbol preferido del chaval o las cosas que suceden en España; el otro día tardamos una media hora en comprar dos cartuchos para la impresora.

Lo más curioso se da en el Corredor Cristiano de Marjayoun, que viene a ser Santiago en Valladolid o los Cosos en Huesca; no hay un horario fijo, no sabes nunca cuando van a abrir, te toca pegar un grito para que bajen y abran, ya de paso desayunan contigo; lo normal es que abran la puerta a eso de las once de la mañana, sin prisa.

Sin prisa, pero sin pausa; un pedido ingente de material de papelería, puede estar listo en menos de una hora, su previsión nos favorece mucho las cosas.
Se nota la sangre fenicia, prueba de ello es que, en menos de dos días, hemos conseguido albahaca, huevos fritos con chistorra y pañoletas para que sesenta y pico Oscenses (y adoptados) celebremos San Lorenzo la semana que viene.

Los tópicos del vendedor oriental en la calle quedan desterrados, los negocios aquí son serios, aderezados eso sí,  con un toque de romanticismo, herencia de los fenicios, semilla de un hito fundamental en la génesis  y desarrollo del mundo y de la historia actuales, como es el nacimiento del comercio en lo que hoy conocemos como Líbano.



1 comentario:

Anónimo dijo...

Genial Diego .Las Peñalver te felicitan por la magnífica descripción del comercio en el Libano(Te imaginas a tú madre y a Julia regateando)Bsss