After eight

Ya en casa, superado el frío de las calles de Passaic y roto el hielo a ritmo de papel doblado y pingüinos, intentó pasar a letras y tinta lo que tenía en la cabeza.

Una y otra vez, las manos iban dando tumbos gracias al nerviosismo y a la emoción.
(estaba preciosa)
Los papeles se mezclaban entre arrugas y deseos de que el viernes fuera ya mismo.

Por el otro lado soplaba una brisa muy agradable con el ánimo de templar el furor y elaborar el principio del relato sin prisas, disfrutando de cada coma.
(¿te fijaste en su sonrisa?)

Dos horas después, gastado ya el cristal de la ventana tras estudiarlo con sonrisa bobalicona, guardó los papeles y simplemente se dedicó a disfrutar.
(el directo es mejor que las fotos)

Y a pensar desde un rincón en ella sin ser descubierto.

¿y por qué no?

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