Milagro de Santiago Fermi.

Se notaba desde la tercera fila que no quedaba mucho para que la enfermedad se comiera sus recuerdos.
Su piel, tan pálida como brillante, nos iluminó a todos en su última, en nuestra última tarde con el gran Fermi.

Seríamos unos diez fieles seguidores los allí congregados para empezar a decir adiós a nuestra luz.

Esta escapa a Mendoza me costó el divorcio tres meses después,.pero esa es otra historia.

Al bueno de Santiago le quedaban no más de cuarenta días sobre con los pies en la tierra, y creedme cuando os digo que me ha dolido más esto que perder el piso y la parte de terreno en favor de mi ya antigua mujer, eso de "ex" nunca me ha gustado.

Decía que esa era la última tarde del dos veces Premio Nacional de las Letras en Río de la Plata, su discurso no duró más de dos minutos:

"Gracias a todos por venir, ya pueden marcharse, nuestra fiesta ha terminado, mis últimas energías se quedan acá, ya con ustedes. 
Agradezco su fidelidad, no esperen más de este viejito, somos afortunados, yo por verlos a ustedes y ustedes por verme a mí.  
Gracias. 
Infinitas. 
Gracias."

Era el estilo Fermi, la grandiosidad de lo breve y el hermetismo excitante; irónicamente, su despedida pública se alargó varias horas más, en las que estuvimos recitando a Storni y escuchando a Piazzola.

Ha pasado medio año de aquello.
Don Santiago se nos fue a los tres días de bajar del escenario.
Yo me divorcié a los tres meses.
¿Separado?, bastante más, cuando me dió por levantar la cabeza y mirar a mi alrededor.
Por ahí más o menos.





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