La nueva y la vieja

 
Asusta.
Asusta asomarse al balcón.
Pensar en que deseas hundirte en ese mar amarillo que golpea con virulencia el adobe pocos metros más abajo.
-Es una buena muerte- piensas.
Horas y horas de campo y de color amarillo, en el que, atrevido, se cuela un verde.
Se cuelan dos, las lluvias fueron generosas.
 
Y no.
No parece que haya nada que despunte en kilómetros a la redonda.
Un palomar a lo lejos.
La choza destartalada de aquel hombre, dos horizontes al fondo.
Tres, mejor dicho.
 
No hay nadie.
Pero estamos todos.
 
La nada.
Hermosa.





Cristino de Vera
Cristo y Castilla
Óleo sobre lienzo-1985

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