martes, 29 de septiembre de 2015

Salvador

Una pena, la verdad.

Una pena, porque era joven, unos veinte, bueno ni eso, no tenía pinta de afeitarse mucho, ni de marcarse la cara a cuchillo.

Si que me acuerdo de su mirada, se le veía más bien tranquilo, aunque al poco de taparlo con la capota empezó a gritar y a moverse mucho.


Al principio costó porque no atinaba a mancar el burón con la nuca, reconozco que ahí hasta me lo pensé.

No sé que habría hecho para estar ahí sentado, la verdad es que en la audencia son de tinta suelta y no tiembla la mano para pasarlos a garrote.

Don Senén siempre dice que es por el bien de la patria, aunque yo poco pregunto, que no está bien ser curioso.

A mi la verdad es que me da apuro, pero en casa hay que comer, quiera Dios que cuando muera esto no me lo tenga en cuenta, al fin y al cabo alguien terminaría haciéndolo.

Diecisiete llevo ya, dieciséis, bueno el de las quinielas de Alicante cuenta la mitad, que también metió la mano Copete.

No sé lo que voy a durar haciendo esto, tampoco sé hacer otra cosa; echo de menos el pueblo, esto de la ciudad me pone de siete males.

Una cosa si que sé y a Dios se lo ruego, que yo así no quiero morirme.



(Imagen de la película "El Verdugo" de Luis García Berlanga)


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